Según el Boletín Mensual de Estadística del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, en el 2005, 3.359.000 pavos fueron asesinados [1]. Los pavos son animales sensibles, sociables e inteligentes a quienes nuestros hábitos alimenticios condenan a la peor de las pesadillas.

Nacer en el infierno

Los pavos criados por la industria nacen en grandes incubadoras, jamás conocen la seguridad y tranquilidad de estar junto a sus madres ya que ni siquiera llegan a conocerlas. A las pocas semanas de edad, y mientras en libertad estarían explorando el mundo y aprendiendo junto a sus madres, son llevados a sucias naves que pueden llegar a albergar a aproximadamente unos 25.000 pavos junto a quienes pasarán el resto de sus vidas.

Para evitar que los pavos se maten a unos a otros en estas naves debido a las condiciones tan terribles, partes de sus picos y uñas de los pies son cortados brutalmente, las investigaciones apuntan a que los pavos sufren dolor crónico de 2 a 6 semanas después de las amputaciones. La mayoría de las veces esto se realiza sin anestesia. El 90% de los pavos explotados por la industria avícola en Europa son mantenidos en semi-oscuridad para evitar las agresiones que se convierten en un problema para la industria debido a que restan beneficios.

Millones de pavos (se calcula que aproximadamente el 7% del total) ni siquiera pasan las primeras semanas de vida en las granjas factoría ya que debido al stress, la ansiedad y las terribles condiciones muchos de los pequeños pajaros literalmente dejan de comer hasta morirse.

Los pavos son criados, drogados y geneticamente manipulados para crecer lo máximo posible. Sus enormes tamaños hacen que muchos pavos mueran debido a que fallan algunos de sus organos antes incluso de que cumplan los 6 meses de edad. Mientras otros individuos de su especie disfrutan dándose baños de arena, corriendo o volando, los pavos sometidos por la industria engordan tanto que sus patas no pueden soprtar su peso y se vuelven completos inválidos muriendo muchos de ellos debido a que no pueden alcanzar alguna fuente de agua o comida, quienes no mueren pasan el resto de sus cortas vidas padeciendo los dolores más inimaginables.

Un pavo explotado por su carne muere asesinado aproximadamente de las 12 a las 26 semanas de vida a pesar de que podría haber vivido hasta 10 años.

FUENTES
[1] Boletín Mensual de Estadística del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación 2006. Enlace